lunes, 1 de abril de 2019

¡Lidera Tu Influencia! (XII)





Por fin, tenemos asumido que el liderazgo es una práctica necesaria, relevante y que va más allá del management.

El management es la actividad de organización y coordinación de las actividades de una empresa para lograr sus objetivos definidos; suponiendo, para muchos, un factor de la empresa al mismo nivel como la tecnología o el capital, por ejemplo.

El liderazgo, sin embargo, es un proceso de influencia social del manager que motiva, compromete y maximiza los esfuerzos de otros, —en especial, de los colaboradores—, hacia el logro de los objetivos de las organizaciones. Un líder es, —como ya he definido en bastantes ocasiones—, aquel manager que consigue resultados excelentes, con unos procesos eficaces y promoviendo el compromiso positivo de los colaboradores. En este caso, la gestión y la motivación de los colaboradores es la clave diferencial y superior de la eficacia de las organizaciones.

Como sabemos son muchos los rasgos que un mando o directivo tiene que tener para ser un buen líder. El líder ha de destacar por sus competencias, en, al menos, tres áreas:

Competencias operativas (como, por ejemplo, la visión estratégica, la planificación y organización, la gestión del cambio o la innovación y la creatividad);

Competencias intrapersonales (como, por ejemplo, el autoconocimiento, la automotivación o la autogestión);

Competencias interpersonales (como, por ejemplo, la comunicación, la empatía, las habilidades de equipo, el desarrollo personas, la negociación o la gestión de conflictos).

Dentro del marco de las competencias interpersonales, — en donde la inteligencia emocional es clave—, Daniel Goleman identificaba, también, la «influencia». Por influencia entendemos la capacidad para producir un efecto determinado en los demás de forma que consigamos que estos asuman unas ideas u opiniones… y obren, por su propia voluntad y altamente motivados, en la dirección sugerida.
Recientemente George Kohlrieser, Profesor de IMD, nos manifiesta que la base del liderazgo es saber generar confianza en los colaboradores, convirtiéndose en una «base segura» para ellos. 

En definitiva, el líder ha de saber inspirar, motivar y comprometer a sus colaboradores para desplegar su máximo potencial y obtener altos niveles de rendimientos. Por lo tanto, saber influir es un factor clave de los líderes.

Esta es la razón por la que la figura del líder, —que, por cierto, no es nada fácil de conseguir—, se le apellide de influyente. Cuando antaño hablábamos de líder carismático, en parte, ahora, nos referimos al líder influyente.

¿QUÉ ENTENDEMOS POR LÍDER INFLUYENTE?

Ya hemos comentado que líder es aquel que obtiene resultados excelentes, con unos procesos eficientes y con la implicación positiva de los colaboradores. El líder influyente, facilita la transformación y consecución de resultados excelentes de la organización, a través de su interacción positiva con sus colaboradores.

El líder influyente domina una serie de competencias especiales que le permiten llegar a incrementar su capacidad de influjo natural en sus colaboradores para que desplieguen su máximo potencial y consigan, con creces, los resultados esperados.

El líder influyente, en primer lugar, se sabe autogestionar emocionalmente, pero, también y casi al mismo tiempo, sabe reconocer y gestionar emocionalmente a los demás.

CARACTERÍSTICAS DEL LÍDER INFLUYENTE

Liderazgo supone saber influir positivamente a otras personas para que desplieguen su máximo potencial y obtengan altos niveles de rendimiento. Cuando una organización falla es que sus directivos no han sabido gestionar el cambio; y si no se ha sabido gestionar el cambio es que, en parte, no se ha sabido gestionar, alinear y comprometer a las personas de la organización.

Para ser un líder influyente, destaco las siguientes características que ha de tener un manager:

Paciencia

Ser paciente significa mostrar autocontrol; es decir, ser consistente y predecible en el estado de ánimo y las acciones, controlando los impulsos. Las emociones se transmiten y los colaboradores valoran a los mandos autocontrolados emocionalmente.

El manager paciente y autocontrolado se convierte en un líder que otros buscarán seguir. La paciencia es una característica de liderazgo difícil de desarrollar ya que afecta a los rasgos de personalidad del manager; aunque, la buena noticia, es que, a partir de la autoconciencia y el autocontrol, es desarrollable.

Amabilidad

Como managers, preguntémonos: ¿he estado demostrando bondad hacia aquellos que trabajan conmigo?, ¿me he comunicado con las personas que coordino de manera amable?, ¿escucho mi tono últimamente y podría haber usado un tono diferente? y ¿trato a mis colaboradores con respeto?

La habilidad del liderazgo, también, depende de la habilidad del directivo en saber tratar a sus colaboradores como valor diferencial de la persona.

La amabilidad y, por ende, el respeto, además de una competencia, es una virtud. El manager que sabe respetar y ser amable con sus colaboradores, tiene muchas oportunidades para ser un líder influyente.

Humildad

Sobre la necesidad de que el manager sea humilde y manifieste su vulnerabilidad es clave para ser un gran líder. La humildad es lo contrario del orgullo y la arrogancia (que hacen referencia a las personas asentadas en el «yo»). La realidad es que el orgullo y la arrogancia apuntan a sentimientos más profundos de inseguridad en los managers.

Jim Collins, dice que «el ingrediente mágico» de los grandes ejecutivos «no está en su competencia o genialidad, sino que en su humildad y buena voluntad». La humildad es un valor (o virtud) que el propio Collins considera escaso en los ejecutivos y que consiste en aceptarse con las habilidades y defectos de los que disponemos.

Ser humilde es lo contrario de ser soberbio. La soberbia significa olvidarse de las imperfecciones, sentirse autosuficiente y perder la capacidad de crítica. Por ello, la soberbia es el principio del declive de una persona y de una organización.

De un buen líder se espera, por tanto, que no sea pretencioso, interesado o egoísta. Los líderes siempre serán más comprensivos, más indulgentes y más pacientes, estando dispuestos a rodearse de los mejores y aprender de los demás.

Desinterés

Un manager egoísta solo se acerca a los colaboradores cuando quiere algo de ellos. Los proyectos de equipo es interés de todos; no solo del responsable. La comunicación transparente, la solicitud de ideas o el apoyo constante han de ser rasgos del manager que quiere influir positivamente.

Un buen líder influyente debe asegurase de desarrollar sus características de relación con los colaboradores sin ego. Si, como directivo, no mostramos respeto a los demás, no obtendremos buenos comportamientos de los mismos. Siempre cosecharás lo que has sembrado.

Perdón

A menudo, la capacidad del manager para avanzar como líder se ve frenada por la falta de perdón. Perdonar es un beneficio para ti y no para la otra persona. Cuando el manager abriga sentimientos de resentimiento y de falta de perdón, lentamente se debilita; pudiendo, literalmente, desarrollar problemas de salud como resultado del estrés que tiene dentro.

El perdón es una ley universal que el manager no puede ignorar. El manager ha de ser consciente que, —al igual que él mismo—, sus colaboradores no son personas perfectas. A veces nos podemos enojar y dejar que nuestras emociones nos dominen, pero se ha de saber perdonar y, a su vez, pedir perdón, si quiere ser un buen líder influyente.

Honestidad

Uno de los principales rasgos de los managers que buscan ser buenos líderes es la honestidad. Algunos casos prácticos de relevancia de las escuelas de negocio nos muestran como las organizaciones sucumben cuando sus principales ejecutivos no comparten la visión, la dirección o sus conocimientos hacia sus colaboradores y el resto de la organización. 

Esto mantiene a los empleados en la oscuridad y pierden la confianza en sus líderes. Por encima de todo, los empleados quieren que se les diga la verdad. 

Otra palabra para la honestidad es integridad. Este rasgo falta en muchos directivos. Los colaboradores quieren ver coherencia de sus mandos. Ser honesto es algo que debe saber desarrollar un directivo para ser un líder.

Comprometido

El liderazgo requiere carácter, pero, también, requiere compromiso. El directivo debe estar comprometido con su responsabilidad hacia la organización, los resultados y hacia su equipo de colaboradores.

Que un directivo este comprometido con el proyecto no significa que tenga que ser adicto al trabajo y exija ese tipo de comportamientos a sus colaboradores. Para un líder, compromiso significa llevar adelante el proyecto con visión y cumpliendo los plazos, sin desear brillar y sobresalir por encima de los que le siguen. 

Los colaboradores querrán seguir al directivo y lo respetarán, cuando este, entre otras cosas, demuestre compromiso con el proyecto y con las personas implicadas.

Empatía

Probablemente muchos de los lectores de este artículo ya se estaban preguntando en qué medida tiene que ser un directivo empático para ser un líder influyente. Sin duda, en mucho.

El directivo para poder influir positivamente en los demás, tiene que saber ponerse en lugar de ellos para saber lo que piensan y lo que sientes. Esta es la única manera para poder interactuar eficazmente con ellos. Muchos de los rasgos que hemos comentado, requieren que el directivo sepa ser empático.

La empatía va mucho más allá de las palabras y supone descifrar todo ese lenguaje (verbal y, sobre todo, no verbal) del otro. La empatía es una habilidad de la que se sirve el líder para, en base a esa información que obtiene de los colaboradores, establecer vínculos más fuertes.

Comunicación eficaz

Para saber ser un buen líder eficaz, también, hay que saber comunicar con los colaboradores. Un buen líder ha de manejar con habilidad los principales elementos de la comunicación interpersonal; como, por ejemplo, la escucha activa, hacer preguntas poderosas, saber dar feedback y transmitir con eficacia (de forma verbal y para verbal).

Algunos piensan que influir es lo mismo que persuadir y, reconozcámoslo, en muchos casos persuadir tiene connotaciones negativas: parece que el directivo ha de ser un «trilero» de la palabra para obtener el sí de los colaboradores.

Persuadir es la parte de la comunicación orientada a conseguir los objetivos de esa comunicación; y, si hace con respeto, con transparencia y sin maldad, no tiene por qué ser negativo. Sin embargo, influir va más allá de persuadir. 

Influir tiene que ver con la satisfacción que produce en otro relacionarse contigo, adoptando tus ideas, visión, etc. Y, en este caso, la comunicación es una palanca necesaria. Por ello, los líderes influyentes saben comunicar.

Insight

En parte, podemos decir que la verdadera esencia del liderazgo es desarrollar la capacidad de guiar a otros con su permiso, accediendo voluntariamente. Es lógico, por tanto, que el liderazgo se base en la influencia. Un directivo no puede ser líder sino sabe influir positivamente en los otros. 

Pero saber influir, al ir más allá de las palabras, exige al directivo trabajar las habilidades, rasgos personales, valores y actitudes comentadas.

Hay una buena noticia, un manager o un directivo puede llegar a ser un líder influyente, pero si no dispone de determinadas competencias, esto podrá requerir de mucho tiempo, voluntad y práctica.


Bibliografía

Antonio Peñalver. Socio Director de People First Consulting